A grandes rasgos , se compone de dos cilindros motores de varias decenas de metros de longitud instalados en la cubierta, con un carril en su parte superior (a ras de cubierta) provisto de dos zapatas de caucho sintético. Un patín, que recorre la cubierta por el carril, se une (mediante las zapatas) a unos pistones impulsores situados en la parte trasera de los cilindros. La rueda de proa del avión que se va a catapultar se engancha al patín mediante un cable de acero. Cuando se produce la impulsión, el vapor generado en las calderas del portaaviones se comprime en los cilindros por detrás de los pistones y alcanza la presión adecuada; el patín, unido a los pistones, se lanza por el carril arrastrando el avión. Al llegar al extremo de la cubierta, el cable se suelta del patín, liberando el avión, mientras que patín y cilindros se vuelven a situar al principio de los tubos para proceder a otro lanzamiento.
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